Dicen que el libro de los gustos se quedó en blanco. Esto quiere decir que no a todas las personas les gusta lo mismo, de ser así, seguramente la vida sería muy aburrida.

Me he permitido la osadía de ir recopilando aquellos relatos que me van gustando y sobre todo de los que se pueden sacar moralejas o lecciones que nos toquen el alma y a ser posible nos hagan mejores.

Si lo consiguiera con un solo de ustedes, me daría por muy satisfecho.

Hada

jueves 21 de enero de 2010

Historia Zen

Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega. Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros.

- Este es mi hijo mayor, dijo Bokuden sonriendo, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.

A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizó la puerta y comenzó a entrar, esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.

- Este es mi segundo hijo, explicó al invitado, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.

- Y éste, respondió el Maestro, es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.