sábado 28 de noviembre de 2009

El portero del prostíbulo

No había en el pueblo peor oficio que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenia ninguna otra actividad ni oficio. Un día se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después cito al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: -"A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entren cada día y anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio..."

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...-"Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceo - pero yo...yo no se leer ni escribir..."

-¡Ah! ¡Cuanto lo siento!"

-"Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida..."

No lo dejó terminar: -"Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte..." Y sin más, se dio la vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Que hacer? Recordó que en el hotel cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que sólo contaba con unos clavos oxidados y unas pinzas muy viejas, entonces decidió usar parte del dinero para comprar una caja de herramientas. Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso traía una hermosa y completa caja de herramientas.

De inmediato su vecino llamo a la puerta de su casa: -"Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme...

-“Mire, si, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar...como me quedé sin empleo..."

"Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano."

El portero accedió y le presto el martillo. A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino toco la puerta: -"Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?"

-"No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería esta a dos días en mula."

-"Hagamos un trato - dijo el vecino - Yo le pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?" Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días...Aceptó. Volvió a montar en su mula.

Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa: -"Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?"

-"Si, así es..."

-"Mire, yo necesito unas herramientas, y estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, más una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje." El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue."

El ex-portero pensó entonces que mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un carretón para almacenar las herramientas y algunas semanas después alquiló un cuarto que se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para el las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por que no? Las tenazas...y las pinzas...y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos. Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformo con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Ahí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entrego las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: -"Es un gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela".

-El honor sería para mí - dijo el hombre - Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

-"¿Usted? - dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo. ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?"

-"Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma. Si yo hubiera sabido leer y escribir...sería portero del prostíbulo!"

Moraleja: Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Pero las adversidades encierran oportunidades.

domingo 22 de noviembre de 2009

La historia del burro

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.

Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: Se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.

Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra... el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos...

¡¡¡Usa la tierra que te echan para salir adelante!!!

Recuerda las 5 reglas para ser feliz:

1. Libera tu corazón del odio.

2. Libera tu mente de las preocupaciones.

3. Simplifica tu vida.

4. Da más y espera menos.

5. Ama más y... sacúdete la tierra porque en esta vida hay que ser solución, no problema.

viernes 20 de febrero de 2009

Los dos lobos

El joven le preguntó al viejo indio.

-¿Qué sucede dentro de nosotros, por qué existe conflicto dentro de uno?

El viejo indio le dijo:

-Dentro de nosotros viven dos lobos, uno bueno y uno malo.

-¿Y quien gana?: preguntó el joven.

-Al que tu le des de comer...

Conócete y darás lo mejor de ti

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era.

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano:

- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?

- No lo escuches, exigía el rosal, es más sencillo tener rosas y ¿Ves qué bellas son?.

Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

- No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra.

Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior. - Y dicho esto, el búho desapareció.

- ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? , se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió...

Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal.

Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: cúmplela.

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor...

- ¿cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?

- ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al reto, sólo dan espinas?

- ¿Cuántos naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar...

No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. Démonos ese regalo a nosotros mismos y también a quienes amamos.

La ceguera

Hace mucho tiempo hubo una cierta ciudad llena de gente ignorante y supersticiosa, que irritaba a los dioses por los ritos impíos y sacrílegos que llevaban a cabo, implicando crueldad y tortura horribles en la forma de entretenimientos y sacrificios.

Y entonces, los dioses se enojaron y enviaron a un hombre santo para prevenirles a que cambiaran su forma de vida. Pero salvo cinco o seis, nadie le escuchó, por lo cual fue a contarlo a los dioses, que en castigo, maldijeron a la ciudad de tal modo que todos sus habitantes (salvo los que escucharon al enviado), sus hijos, nietos, biznietos y todos sus descendientes fueron atacados por la ceguera.

Así, todos los habitantes de esa ciudad empezaron a perder la vista y los descendientes nacían ya ciegos, sin tener memoria ni conciencia de lo que quería decir ver. Pero los hijos y los hijos de sus hijos de los cinco o seis arrepentidos seguían naciendo con la visión perfecta, por lo que frecuentemente se levantaban grandes discusiones entre los ciegos congénitos y los que podían ver; y los primeros decían: “estáis locos, pues esa cosa a la que llamáis ver es toda imaginación y trampa sin sentido, no teniendo ningún fundamento, y nos habláis de ella sólo para daros importancia y aprovecharos de nosotros, que sin embargo somos más sensatos.”

Los videntes trataban de convencerlos por lógica y retórica, pero viendo que todos sus argumentos fallaban, dijeron: “muy bien, os convenceremos haciendo cosas que sois totalmente incapaces de hacer vosotros mismos”, lo que no era difícil, ya que al no estar impedidos por la ceguera, podían llevar a cabo hazañas que a los otros les eran imposibles. Pero de nuevo los ciegos dijeron: “esto no es una prueba, pues vuestras demostraciones no son sino trucos y malos artificios de charlatanes e impostores, así que al diablo con ellas, que no queremos oír más.”

Y entonces al fin llegó el tiempo para la conclusión de la maldición, para tal fin apareció un extraño e imponente médico, que empezó a curar la ceguera aplicando un bálsamo a aquellos que deseaban ser curados, pero el resto, empezaron a tachar al médico de brujo con influencia maligna, y conspiraron contra él de forma que las autoridades le expulsaron de la ciudad.

Entonces los dioses se dijeron: “la maldición que infligimos sobre estos estúpidos ciudadanos, con el fin de castigarles y apartarlos de su infame camino, ha concluido, pero si ellos escogen provocarse una segunda maldición en la forma de fanatismo y necedad, entonces ese es problema de ellos”, que sigan así.

Desde entonces, esa ciudad permaneció atacada por la ceguera por otras dos generaciones, y habría continuado así hasta hoy, a no ser porque esos pocos iluminados que fueron curados trajeron, por compasión de sus compañeros, al médico y a otros muchos como él, que los curaron a todos devolviéndoles la facultad que habían perdido en el origen.

jueves 19 de febrero de 2009

La paz perfecta

Había una vez, un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron, y el rey observó y admiró todas las pinturas que le presentaron pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos aquellos que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido...

Paz perfecta... ¿Cual crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por que?

"Porque," explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas,sin trabajo duro o sin dolor.

Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

En los zapatos del otro

Bill Andrews era un tipo grande, torpe y poco atractivo. Se vestía extrañamente con ropa que no le quedaba bien. Había varios tipos que pensaban que era divertido burlarse de él. Un día uno de ellos notó un pequeña rotura en su camisa y le dio un jaloncito. Otro obrero en la fábrica agregó su poquito y en poco tiempo había una exhibición de jirones. Bill siguió con su trabajo y al pasar demasiado cerca a una banda transportadora, uno de los jirones de su camisa fue atrapado por la maquinaria. En fracciones de Segundo, la manga y Bill estaban en problemas. Las alarmas sonaron, los interruptores fueron accionados y se evitó el problema.

El capataz, sin embargo, al tanto de lo que había pasado, convocó a los hombres y relató esta historia:

-En mis días mozos, trabajé en una pequeña fábrica. Allí fue donde primero conocí a Mike Havoc. Era grande e ingenioso, siempre haciendo chistes y travesuras. Mike era un líder. Entonces también había un Pete Lumas. Él siempre le seguía la corriente a Mike. Era un seguidor. Y también estaba un hombre llamado... Jake. Él era un poco más Viejo que el resto de nosotros --callado, inofensivo y apartado--. Siempre almorzaba solo. Siempre vistió los mismos pantalones parchados por tres años seguidos. Nunca se unía a los juegos del mediodía: Luchas, herraduras, y cosas similares. Se veía indiferente, más bien siempre sentado bajo un árbol en silencio. Jake era el blanco natural para chistes prácticos. Solía encontrar una rana viva en su canasto o a un roedor muerto en su sombrero. Pero siempre lo tomaba con buen humor. Entonces, un otoño, cuando las cosas estaban lentas, Mike tomó unos días libres para ir de caza. Pete se le unió, por supuesto. Y nos prometieron a todos que si cazaban algo, nos traerían a cada uno una parte. Así que todos nos entusiasmamos cuando oímos que habían regresado y que Mike había cazado un venado grande. Oímos más que eso. Pete nunca podía reservarse nada, y nos dejó saber que tenían una gran broma preparada para Jake. Mike había cortado al bicho y había hecho un paquete agradable para cada uno de nosotros. Y, para divertirnos, había guardado las orejas, la cola y las pezuñas -sería tan divertido cuando Jake las abriese-.

Mike distribuyó sus paquetes durante el almuerzo. Cada uno de nosotros recibió una buena pieza, la abrimos y se lo agradecimos. El paquete más grande lo guardó para el final. Era para Jake. Pete estaba a punto de estallar y Mike se veía muy satisfecho. Como siempre, Jake estaba sentado solo; estaba en el extremo más lejano de la gran mesa. Mike empujó el paquete donde él pudiese alcanzarlo; y todos nos sentamos a esperar. Jake nunca decía mucho. Uno nunca pudiera darse cuenta de que él estaba presente por "su mucho hablar". En tres años nunca habría pronunciado cien palabras. Así que nos asombramos con lo que pasó a continuación.

Él tomó el paquete con firmeza y se puso lentamente de pie. Le sonrió ampliamente a Mike --y fue entonces que nos dimos cuenta de que sus ojos relucían--. Su nuez tembló de arriba a abajo por un momento hasta que recobró el control de sí mismo.
"Sabía que no me olvidarían", dijo agradecido:

-¡sabía que lo harían! Ustedes son grandes y juguetones, pero "sabía que tenían un buen corazón.

Tragó nuevamente y entonces se dirigió al resto de nosotros.

-Sé que no he sido muy amistoso con ustedes, pero nunca quise ser rudo. Verán, tengo nueve chicos en casa y una esposa que ha estado inválida en cama en los últimos cuatro años. Nunca se va a mejorar. Y algunas veces, cuando se siente realmente mal, tengo que estar a su lado toda la noche para cuidarla. Y la mayor parte de mi salario tengo que gastarlo en médicos y medicamentos. Los muchachos hacen lo que pueden para ayudar, pero a veces ha sido difícil poner alimento en sus bocas. Quizás piensen que es tonto de mi parte el que coma solo. Bueno, reconozco que me he avergonzado un poco de mí mismo porque no siempre tengo algo en mi emparedado. O, como hoy -tal vez sólo hay un nabo crudo. Pero quiero que sepan que esta carne realmente significa mucho para mí. Quizás más que a nadie aquí porque esta noche mis muchachos..., --se secó la humedad de sus ojos con el dorso de su mano--,...esta noche mis muchachos van a tener una buena cena...

Tensó la cuerda del paquete. Habíamos estado observando a Jake con tanta atención que no le habíamos prestado mucha a Mike y Pete. Pero todos los observamos ahora, porque ambos se lanzaron al mismo tiempo a agarrar el paquete. Pero llegaron muy tarde. Jake había roto el envoltorio y ya estaba revisando su regalo. Examinó cada pezuña, cada oreja, y entonces levantó la cola que colgaba blanda. Debía haber sido tan divertido, pero nadie se rió --ninguno en absoluto--.

Pero la parte más difícil fue cuando Jake levantó la mirada e intentó sonreír. Aquí fue donde el capataz dejó la historia y a sus hombres."

No tuvo que decir nada más; pero fue gratificante observar que mientras cada hombre comió su almuerzo ese día, compartió con Bill Andrews y uno de ellos aún le ofreció su camisa.

Muchas veces no entendemos por qué tal persona es callada, no ríe, parece raro o como que no encaja en el grupo, y la verdad es que desconocemos mucho de esa persona, cuando nos acercamos y nos enteramos que viven o sufren y nos ponemos en sus zapatos, entenderemos su corazón. No los ignoremos, acerquémonos hoy a ellos y quizás nos sorprendamos.